«¡Hale!» «¡Halele!»
En la costa norte de Ngazidja, cerca de Mitsamiouli, el mar penetró en un antiguo cráter y formó una ensenada casi cerrada, de aguas tranquilas y profundas. La llaman el Trou du Prophète (el Agujero del Profeta).
Se cuenta que un santo, un enviado de Dios, arribó un día a este lugar. El mar estaba embravecido, las olas rompían contra las rocas negras, pero su embarcación se deslizó en la ensenada como si una mano invisible la guiara. Algunos, llevados por el fervor, llegan a decir que fue el propio Profeta quien se apareció aquí.
Más tarde, otros navegantes, menos santos, encontraron refugio en ella: se dice que los piratas que surcaban el océano Índico venían a esconder aquí sus navíos, lejos de las miradas.
Lo que se sabe
El nombre del lugar expresa su carácter sagrado más que un hecho histórico: según la tradición musulmana, el Profeta nunca salió de Arabia. La ensenada sí sirvió de refugio natural, y los piratas frecuentaron las aguas comorenses a finales del siglo XVII y principios del XVIII (véase Escalas, mercaderes y piratas).
Para saber más
- Mirada exterior Jean Martin, Comores : quatre îles entre pirates et planteurs (2 tomes), 1983 – 1984. L'Harmattan.
