«¡Hale!» «¡Halele!»
En Ndzuwani hay ríos que no se secan nunca, ni siquiera en lo más duro de la estación seca. Al pie de algunos acantilados forman pequeñas pozas oscuras y frescas. Allí viven las anguilas sagradas, a las que llaman mwana mroni, «los hijos del río».
Nadie las pesca. Nadie les hace daño. Los ancianos dicen que no son peces como los demás: están ligadas a los espíritus del lugar, y quizá a los propios antepasados. Quien les hiciera daño, se dice, atraería la desgracia sobre sí y sobre su familia.
Por eso, cuando se tiene una gracia que pedir o un agradecimiento que expresar, se acude a la poza. Se depositan huevos como ofrenda, se pronuncian plegarias y se contemplan las largas siluetas deslizándose por el agua oscura.
En Papani, cerca de Domoni, en Ouani en el pozo sagrado, o en Mamahavuni cerca de Jimilime, se sigue velando por los hijos del río.
Lo que se sabe
El culto a las anguilas sagradas (muhunga o mwana mroni) se ha mantenido en varias localidades de Anjouan, en particular en Papani (Domoni), en el pozo sagrado de Ouani y en Mamahavuni (Jimilime). Allí se depositan huevos como ofrenda. Estas prácticas, observadas sobre todo en las zonas rurales de las tierras altas, se desarrollan en ziara, lugares sagrados.
Las describió Abderemane Bourhane en su tesis sobre los ritos preislámicos de Anjouan. También existen cultos a anguilas sagradas en Madagascar y en otras islas del océano Índico y del Pacífico. Los motivos concretos de las plegarias varían según los lugares y las familias.
Para saber más
- Voces del archipiélago Abderemane Bourhane, Les rites pré-islamiques à Anjouan. Contribution à une étude culturelle des Comores, 2017. tesis doctoral, Inalco.
